La Revolución Francesa (1789-1799)
     
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La Revolución Francesa (1789-1799)

   
 
por María Martín
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Introducción
Gracias a las revoluciones políticas que terminarán con el absolutismo, la antigua sociedad estamental se transformará en una sociedad de clases. Las nuevas formas de gobierno se basarán en la voluntad popular, la igualdad ante la ley y la libertad del individuo.
La nueva teoría política liberal elaborada por Locke en Inglaterra, será la base teórica sobre la que se desarrollarán los movimientos revolucionarios americano y francés. Aunque la Revolución Francesa ha sido vista por muchos historiadores como el modelo de Revolución Liberal, otros muchos no están de acuerdo con esta afirmación.
En Francia, como en el resto de Europa, se había mantenido durante muchos siglos el feudalismo, sistema con profundas desigualdades económicas, sociales y culturales. La monarquía francesa, a pesar de su poder, se enfrentaba a unas nuevas fuerzas económicas que reclamaban su espacio político, y a unas obsoletas clases privilegiadas que no querían ni renunciar a su poder ni compartirlo. La monarquía absoluta francesa además, debía enfrentarse al déficit económico al que le habían llevado las continuas guerras por mantener su supremacía.
París era una ciudad inmensa en la que la miseria de las capas más humildes de su población contrastaba con el lujo exagerado de la Corte. La vida social francesa era caótica. Se esperaba del poderoso Estado, en las manos del monarca, que ahogaba a la sociedad con impuestos, que reorganizara de nuevo un país en crisis social y económica.
El antiguo Estado absolutista acabó por hundirse y sobre sus cenizas creció la Revolución. La Revolución Francesa que pretende asumir las ideas de la Ilustración, habrá de reinventarse cada día, afrontando nuevos problemas y crisis en una década llena de esperanza y de incertidumbre. El idealismo de los dirigentes de la Revolución contagió con fuerza a las clases populares, que en muchas ocasiones responderán con exaltación incontrolada.
La Revolución se iniciará con medidas radicales, pero basadas en la esperanza. Se exige una nueva constitución política para Francia y se rompen las diferencias entre nobles, burgueses y plebeyos. El pueblo llano pasa a ser la nación y se define como el soberano. Muchos bienes de la Iglesia son puestos al servicio de este pueblo llano. Los bienes de la nobleza deben legitimarse por su productividad, por el beneficio que producen, y de esa forma poder ser vendidos o comprados. Muchos serán confiscados y cambiarán de manos. Se afirmará el derecho del hombre a la igualdad, a la educación, a la propiedad, a la cultura.
El caos político y social es el que determinará la toma de decisiones drásticas y radicales y este hecho cambiará la realidad social e histórica de Europa. Por primera vez, los no privilegiados tendrán acceso a la acción política y la determinarán. Se alterará tanto la vida europea y mundial que el propio movimiento de la Ilustración deberá transformarse y la Revolución creará poderes nuevos, los Estados contemporáneos.


 
Narración de Sucesos pasados: La Revolución Francesa (1789-1799)